Conseguir que en la era de la educación digital, estudiantes de diferentes etapas, niveles, centros y modelos educativos participen simultáneamente en una misma actividad educativa, en un entorno real y contando con la colaboración familiar y ciudadana, parece, a priori, una situación educativa ideal. Pues bien, proyectos educativos en materia emprendedora –como son EME, EMC, JES o EJE–, diseñados y desarrollados por Valnalón, y que llevan a cabo diferentes actividades para el cumplimiento de sus propósitos educativos, cuentan con una actividad que destaca, precisamente, por llevarse a cabo en los parámetros de ese contexto educativo ideal.

La actividad, caracterizada por su complejidad, consiste en la participación en un mercado local, ¿cómo?, pues gestionando, durante una jornada escolar y educativa, un puesto de venta con productos propios. Una actividad integrada en la fase final de la tarea principal de estos proyectos: la creación y gestión de una cooperativa o asociación educativa.

Son diferentes mercados en distintas localizaciones, tanto urbanas como rurales, los que acogen esta actividad y, también, son diferentes productos los que se comercializan en función del contenido del proyecto educativo: productos artesanales, de elaboración propia –EME, EMC y JES–, y productos importados desde otras comunidades –EJE–.

Este año, ha participado un total de ciento diez cooperativas y asociaciones, repartido en siete mercados. En cada mercado, desde primera hora de la mañana, cada una de estas cooperativas y asociaciones preparan su puesto de venta, organiza su trabajo de atención al público y continúa con la venta de sus productos.

Sin duda, una mañana de trabajo enérgico, de enseñanza intensa, también de aprendizaje interiorizado, ese que solo nos permite la práctica, la experiencia real, la interacción con el entorno, y que pone a prueba todas las competencias personales e interpersonales de manera espontánea. A la par, un día de disfrute y conexión para todos: profesorado, estudiantado, familias y vecindario. Una jornada de cosecha, recogiendo beneficios del trabajo llevado a cabo durante el curso escolar, de cada cooperativa o asociación, que también van destinados a su responsabilidad social, aquella que cada cooperativa y asociación eligen por consenso.

Sí, hay compromiso y responsabilidad social, pero también algo difícil de medir y esencial para aprender: ilusión. La ilusión de cientos de niños, niñas y jóvenes que durante meses trabajan en equipo, toman decisiones, resuelven problemas y descubren que son capaces de transformar una idea en una realidad. La ilusión de un profesorado que dedica tiempo, esfuerzo y creatividad para hacer posible experiencias de aprendizaje auténticas. Y la de unas familias que acompañan y apoyan el proceso. Esa ilusión compartida es el motor que impulsa cada proyecto durante todo el curso escolar y la que convierte la participación en un mercado local en mucho más que una actividad final: en la celebración de un camino recorrido juntos.

Los Mercados de Cooperativas y Asociaciones Educativas, una actividad alternativa, que, aunque se repite todos los años, nunca resulta igual: tal vez sea esta una de las claves de su atractivo e interés educativo.